jueves, 25 de marzo de 2010

Nihilismo amarillo

Mi nariz se perdió o la perdí de vista, mejor dicho. Me distrajeron los medios masivos, las causas altruistas, algunas revistas con contenido pornográfico (que por cierto tienen artículos cautivadores), el calentamiento global entre otros asuntos propiamente burgueses y mundanos.
En tiempos de antaño era capaz de reconocer el olor de aquella sudadera de capucha roja, que hasta donde recuerdo era una mezcla de humedad, musgo, y galletas de choco-chispas.
Cuando tienes la esencia presente de un valor tan puro e intrínseco no necesitas sustentar tu existencia con una compleja y enmarañada elaboración un ser omnipotente, omnipresente en fin, cualquier palabra con prefijo “omni”. “Omni”: que lo abarca todo, es decir que sería esa delgada línea que engloba todos los campos semánticos pensados. Esos módulos que podrían estar dispersos y vagos en la atmósfera, están, ahora atados a las cadenas de la inseguridad existencial.
¡Chicos! arranquen esas yemas de la clara, no se dejen afligir por su inconsistencia, después de todo solo son fetos de ovíparos corrientes, seres incompletos, no obstante ahí no yace el valor. Estas valientes membranas amarillas quedan plasmadas en ladrillos y automóviles lujosos, proezas que provocan sonrisas en los infantes, inmunes a la desgracia ajena. Seres de mentes pseudo vírgenes capaces de reconocer el olor de una fiel sudadera de algodón.

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